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321: El respeto no se aprende en la escuela

6 days ago
20 min read


Yo estoy segura de que tú has visto esto en tu familia: tu hijo saluda a la maestra, le dice gracias a la vecina, se porta perfecto donde otra gente lo ve y te lo dice: "Qué bien están educados tus hijos", pero contigo en tu casa es otra cosa; contigo contesta, contigo negocia, contigo alzas la voz e ignora, hasta que empiezas a contar: 1-2-3, y tú te quedas con esta interrogante en tu corazón que tú no te atreves a decirle a mucha gente porque te da vergüenza.

Porque este respeto que tiene este niño, que tiene esta niña con todo el mundo, no me llega a mí, a mi casa, y yo te voy a decir lo que probablemente tú llevas años pensando: tú dices, "eso es carácter", o dices, "es la edad", o dirás, "es la época pastora; los muchachos simplemente son así".


Para nosotros, para Estados Unidos y Puerto Rico, acabamos de comenzar el año escolar y acabamos de comprar uniformes, libretas. Que, como yo, acaban de empezar otra vez ese ciclo. Tuve que llamar al colegio donde está mi hija menor; tiene 6 años estudiando aquí en la casa, así que no tiene, no tengo que llamar a la oficina; tiene un día libre porque está dictado aquí por la casa. Disculpe que llame y haga preguntas, pero esto está muy nuevo para mí.


Algunas de ustedes que viven en Estados Unidos y Puerto Rico como yo, a las que les acaba de comenzar el año escolar, los regresaron a su casa con un pensamiento como: Esto que lo arregle la escuela, allá lo enderecen. Ustedes conocen mi política; yo toco temas de políticas en el otro canal y les cuento y siempre digo que la primera línea de defensa de todo individuo es su familia.

Hay un mandamiento sobre estas cosas que te voy a explicar en el día de hoy, que quiero que lo escuches completo, porque hay gente que lo cita a la mitad. Yo te lo quiero dar el contexto correcto a este mandamiento. Siempre digo que la primera línea de defensa somos nosotros, la familia, así que lo que te voy a explicar en este episodio es que el respeto de tus hijos no se aprende en la escuela, no se aprende en la escuela dominical, no se aprende en ninguno de esos lugares.


Mira lo que dice Éxodo 20:12: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da”. Yo quiero que te fijes bien en lo que está diciendo y que te fijes bien en lo que no está diciendo, porque ¿a quién le habla ese verso? Te estoy dando una oportunidad si estás en el carro, en el trabajo, mientras estás fregando o escuchando el podcast. “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da”.


¿Dios te da? ¿A quién le está hablando el verso? No le está hablando a la maestra, no le está hablando a la maestra dominical, no le habla al pastor de jóvenes, le habla al hijo, y le habla dentro de una casa y le está hablando qué relación debe tener con mamá y con papá, y hay una casa en la Biblia donde ese mandamiento se cayó al piso por completo. El papá de esa casa no era un hombre malo, no era un hombre violento, no era un padre ausente, no era ni siquiera un incrédulo; era un sacerdote.



Te voy a hablar del sacerdote principal de Israel; se llamaba Elí. La historia de cómo se le cayó la casa encima literalmente tiene detalles; le cambia el nombre a lo que tú y yo le llamamos corregir. Hoy quiero hablarte: EL RESPETO NO SE APRENDE EN LA ESCUELA.

¿Te has preguntado alguna vez qué es estorbar y no hacer nada? ¿Me creerías si te dijera que estorbar es no volver a explicar cuando tú dices no? ¿Sabías tú que estorbar es llegar en la primera y no en la tercera? ¿Sabías tú, como madre, que los padres no deben estar detrás de los hijos? ¿Eres de las mamás que da instrucciones una sola vez?

Me gustaría leer tus respuestas a estas preguntas en la caja de comentarios. 

Terminando con lo anterior, continuemos nuestra lectura.


Quiero compartirte varios puntos que sucedieron en esta historia. Una cosa es hablar y otra cosa es hablar y no hacer nada. Te lo explico en esta historia: los hijos de Elí eran sacerdotes igual que su papá, usaban el sacerdocio; ¿sabes para qué? Para hacer lo incorrecto, para robar, el pueblo traía sus ofrendas a Dios y ellos le quitaban la carne a la gente por la fuerza antes de que se ofreciera en sacrificio como correspondía.


Eso no fue un desliz de un día, eso no fue un día que esos muchachos se fueron e hicieron lo que no tenían que hacer; a eso le decimos en Puerto Rico un modus operandi, era una manera como ellos operaban, pero lo peor de todo, Israel, sabían que eso estaba pasando.

Tengo que hacer una aclaración antes de continuar; si no te doy la aclaración, el texto se puede malentender. Tengo 32 años en el pastorado, 40 años estudiando la palabra del Señor y tengo que decirte que este elemento que te voy a mencionar parece tonto, pero es importante porque cuando se habla acerca de los hijos de él, parece que se hablara de dos niños chiquitos.


Te estoy hablando no de dos niños pequeños, te estoy hablando de dos hombres adultos que eran sacerdotes en funciones; aquí no estamos hablando de un papá que no supo manejar una rabieta de un niño, estamos hablando de lo que crece en una casa después de muchos años de descuido, y Elí lo sabía y Elí les habló.


Quiero que oigas cómo les habló porque esa parte casi nadie le presta atención; 1 de Samuel 2: “Y les dijo: ¿Por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes.  No, hijos míos, porque no es buena fama la que yo oigo; pues hacéis pecar al pueblo de Jehová.  Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él? Pero ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová había resuelto hacerlos morir”.


Mira lo que hizo Elí en esos tres versos: los confrontó ahí de frente, les dio el no en la cara, les dijo que la fama que corría de ellos era mala, le puso el nombre exacto a lo que estaban haciendo, les dijo hacer pecar al pueblo de Jehová y hasta les puso la pregunta teológica encima ahí en su argumento, les dijo: Si alguien peca contra Jehová, ¿quién va a rogar por él?

Este no es un papá tibio, este no es un papá ignorante, es desconocedor, ausente; esa es una conversación bien seria, esa es una conversación de verdad, esa es una conversación con nombres, esa es una conversación con acusaciones y hasta le habla de las consecuencias. ¿Y sabes por qué yo estoy grabando este episodio? Porque yo veo tantas madres que no llegan ni ahí.


Te leo lo que le dijo Dios de él un capítulo después: 1 Samuel 3:13 “Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado”.

Te voy a leer esa última parte otra vez porque tus hijos han blasfemado a Dios y él no los ha estorbado. En este episodio tú me vas a escuchar referirme a Elí, el que habla y no estorba; me vas a escuchar decir eso una y un millón de veces. Pastora, ¿por qué me estás repitiendo lo mismo? Te volviste una grabadora. Porque quiero que eso se te grave en la cabeza. Dios no dijo que Elí no les habló, Dios no dijo que Elí no sabía; el verso dice clarito, él sabía lo que Dios le señaló, es que no estorbó lo que estaban haciendo sus hijos.


Elí les habló, los confrontó, les dijo la verdad completa en la cara, con nombre y apellido, y hasta les dijo las consecuencias, y sabes lo que Dios le dijo a Elí: Hiciste todo eso, pero no hiciste nada. Y estoy segura de que tú a tus hijos les hablas y estoy segura de que tú eres de esas mamás prudentes, que te sientas, les explicas; estoy segura de que hay unos discursos que tú tienes de memoria completos. En el carro, de camino a la escuela, les dices todo lo mismo; antes de acostarse, les dices todos los días; cuando los llevas al deporte, y tú lo puedes ayudar, tú lo haces con la voz calmada, con tus argumentos bien puestos y les dices por qué esto está mal, cómo esto te hace sentir. Tú todas las veces sales de esta conversación creyendo que esta vez sí que sí, esta vez yo lo corregí, él se dio cuenta de que le estoy diciendo la verdad.


Elí, que aquí te lo digo otra vez, el que habló y vio, pero no estorbó, salía con esa misma sensación. La distancia entre hablar y estorbar es la que derrumbó su casa; literalmente, ve a la Biblia a leer la historia de Elí.

Ahora, ¿qué es lo segundo que te quiero enseñar? Algo que aprendí hace un tiempo y creo que no lo he enseñado lo suficiente. De hecho, hace como tres años atrás tuve una conversación por teléfono con una familia que había dejado de venir a la iglesia y a mí me preocupó muchísimo porque era una pareja, tenían sus hijos; el papá no es papá de los hijos, es una familia compuesta, un segundo matrimonio, hijos de otro matrimonio y esos elementos estaban presentes, estaban muy comprometidos en la iglesia y de un día para otro se desaparecieron.


Luego, llamo a la mamá en la casa y cuando hablo con ella, la conversación para mí fue una cosa tan absurda porque la mamá me dice literalmente estas palabras: No, pastora, o qué pasa, es que nuestra hija ha caído en gracia, en tal iglesia y ahí está en el liderato y mire, pastora, dónde va nuestra hija; nosotros ahí la seguimos. Y a mí eso me cayó como una piedra. Te digo por qué, porque ese no es el orden correcto, ese no es el orden correcto de cómo se debe regir una familia.


Te lo quiero explicar porque lo que te acabo de decir, la distancia entre hablar y estorbar, fue literalmente lo que hizo que esa casa se derrumbara, pero ahora yo quiero que tú veas qué fue exactamente lo que ocupó ese lugar que se queda vacío entre una conversación. Le hablé, le dije de frente y simplemente no hacer absolutamente nada en el sentido de no estorbar, y yo, antes de que se acabe este episodio, tú me conoces, yo no te voy a dejar así como dando vueltas en el aire; yo te voy a explicar exactamente qué es estorbar y te voy a dar ejemplos concretos ahí exactos.


¿Qué es lo que pasa en ese vacío que queda, que tiene que ver con el mandamiento que te leí al principio en Éxodo 20 y que te lo quiero leer nuevamente? Éxodo 2:12: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da”.


Honrar quiere decir, darle peso a alguien, ponerlo en un lugar alto, tratarlo como lo que es  y ese mandamiento le manda al hijo a darle le peso al padre y a la madre, ahora oye lo que Dios le reclamó a Elí; el que hablo, vio y no estorbó, Primera de Samuel 2:29 “¿Por qué habéis hollado mis sacrificios y mis ofrendas, que yo mandé ofrecer en el tabernáculo; y has honrado a tus hijos más que a mí, engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel? Y has honrado a tus hijos más que a mi.


 En esa casa la honra corría al revés te dije aquella llamada del teléfono que yo me quede en shock yo me quede lo que esta mamá me dijo, el mandamiento dice que el hijo, honrar al padre y en la casa de Elí, Elí que que vio, habló y no estorbó, el padre honraba al hijo, ay pastora porque estas diciendo eso; porque Dios literalmente se lo dijo y honrar al hijo por encima de Dios no se veía como una necedad de idolatría, se veía como un papá que no quería el pleito.


Te voy a dejar que eso te caiga aquí, ay pastora lo que pasa es que ese papá tenía una idolatría con sus hijos, yo conozco padres que tenían una idolatría con sus hijos terrible, es el caso de la se{ora que hable con ella por teléfono y yo me quede en shock, y después entendí esta señora idolatra tanto a su hija no se da cuenta que simplemente no está haciendo su trabajo como madre y esta escena no es de un papá que idolatra al hijo, sino  es un papá que no quiere pelea, que no quiere pleito, como un papá bueno que quiere paz en su casa y a eso la Biblia le pone un nombre le dice consentir y consentir es poner la comodidad de tu hijo por encima de la instrucción  de parte de Dios.

Esto no tiene que ver con cuanto tú lo mas, no tiene que ver nada con eso, tiene que ver con lo que tú estas dispuesta a atravesar para hacer cumplir la palabra de Dios y para amar verdaderamente como Dios nos manda a mar a nuestros hijos.


Proverbio 29:15 “La vara y la corrección dan sabiduría; Mas el muchacho consentido avergonzará a su madre” Presta atención a este verso porque yo sé lo que se oye cuando uno lee la palabra Vara; y yo no  estoy diciendo pégale a tu hijo, abusa de tu hijo, se fuerte con tu hijo, nada más lejos de la verdad.


El verso pone dos cosas del mismo lado, pone la corrección, peor al mismo tempo pone la sabiduría, con esa vara, con esa corrección tiene que ver sabiduría y pone al chico consentido del otro lado, el eje del verso es corrección  contra consentimiento, una vez más; la corrección  tiene que estar de frente y totalmente apartada de lo que es el consentimiento.

El instrumento como tú haces al corrección ese no es el tema aquí, para eso  tú necesitas sabiduría, dentro de un rato te voy a a enseñar, fíjate en el detalle que a mi me detuvo en esto, el verso no dice que el muchacho consentido no va avergonzar al papá, dice que va avergonzar a la madre, este verso te nombró a ti mujer.

El muchacho consentido no llega ahí por exceso de amor, llega ahí porque nadie le cierra una instrucción , nadie le pone corrección  a ese muchacho, y estorbar tiene  un significado muy particular que yo necesito que tú entiendas, yo te dije un montón de veces Elí el que hablo, el que vio y no estorbó y te acabo de decir que el muchacho ese que nunca tuvo una instrucción cerrada.


Ahora te diré exactamente que es estorbar porque el concepto no te sirve de nada si no sabes como se ve eso, decimos en Puerto Rico en arroz y habichuelas, pero cómo se ve eso el lunes por la mañana, cuando estás peleando con tus hijos para ir para la escuela, ¿cómo se ve eso el miércoles a las 10 de la noche cuando te dicen: "Mamá, yo mañana tengo que entregar un proyecto para la escuela, se me olvidó, me acabo de acordar"?

Yo quiero comenzar por donde Dios pone esa tarea:  Deuteronomio 6: 6-7 “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes”. Donde pone "dos", todo ese trabajo, en tu casa, eres tú la que te toca hacer eso; lo vas a hacer en tu casa, en el camino, cuando te acuestes, cuando te levantes, todo el tiempo.

Cuando tú lees, todos esos momentos que dice en el verso son momentos ordinarios; ninguno de los 4 momentos que se menciona es una conversación seria, en una sala, en una cena, con el celular boca abajo, con o sin el teléfono, un paisaje para que se recuerde siempre y a quién se lo mandan a ti. Esa es tu asignación; no es la asignación de la escuela, no es la asignación del pastor de jóvenes, no es la asignación de la escuela dominical; es tu tarea corregir a tus hijos, es tu tarea ponerle fin a los asuntos que tus hijos tienen que aprender.


Elí, el que vio y no estorbó, hizo su parte, pero la hizo en un solo momento, una conversación grande, después de todo lo que había pasado, y ahí está la diferencia de que, por amor a Cristo, todas ustedes, las que están criando y las que tienen hijos, se lleven en este episodio.

Hablar ocurre después; estorbar se hace en el momento. Pastora, no sé qué es esto, no me sigas hablando de esto y no sé qué es eso.


5 FORMAS DE ESTORBAR.


Son 5 lugares donde tú estás presente, pero no te estás metiendo. ¿Cómo así, pastora?

1.   Estorbar es interrumpir la conducta y no comentarla; ejemplo: tu hijo te contesta con un tonito así como: "Ya me lo dijiste", y que es lo que casi todas hacemos; ay, no me hables así, y tú sigues ahí en la cocina. Ya te expliqué que no me hables así, de esa manera, ¿y qué tú hiciste? Comentaste.


Estorbar es que lo que él está haciendo se detenga hasta que esa oración se vuelva a decir sin ese tonito que no se supone que tenga contigo. O sea, estamos cenando y me hablaste con el tonito, todo el mundo para de comer y tú me vas a repetir lo que tú me estás diciendo hasta que tú lo digas como se supone que me lo digas. Estás jugando un juego y respondes: Ya yo te escuché, mamá, que tengo que ir a sacar la basura. Tú le paras el juego y tú le dices: Tú me tienes que decir eso sin ese tonito. El tono tiene que costarle algo; en el mismo momento que ocurre eso, es estorbar.


  1. Estorbar es llegar en la primera y no en la tercera; tú ya sabes, tú ya sabes de qué yo estoy hablando. ¿Por qué? Porque muchas veces decimos las cosas tres, cuatro, cinco veces, seis veces, porque ya tu hijo sabe que a la primera que tú se lo digas, tú no vas a hacer nada y ya tu hijo sabe que a la segunda vez que tú se lo digas, tampoco vas a hacer nada, y ahí tu hijo sabe cuál es el número; ya tu hijo sabe por qué, porque ya él tiene un historial de todas las veces que tú le has dicho algo y vuelves y se lo repites y vuelves y se lo repites y cada vez que se lo dices, en la primera, la segunda, la tercera vez y no pasa nada, ya él aprendió que esas veces no cuentan.


Estorbar es decir las instrucciones una vez, sin repetirlas; tú las repites. Tú dices una vez y, cuando tú lo dices, si no lo haces tú, te levantas de donde tú estás y tú te pones físicamente en el medio, en el medio de tu hijo y la pantalla del televisor, en el medio de tu hijo y la pantalla del teléfono o de la computadora, entre medio de tu hijo y la puerta con tu cuerpo, no con tu voz, porque aquí es donde se confunde tener autoridad con hablar alto.


Hay muchos papás que a la tercera ya le gritan, ya le hablan más duro; no tienes que permitir que llegue al grito, usted no tiene que gritar, usted lo dice una vez, una sola vez. Saca la basura y, si tu hijo no se levanta inmediatamente a sacar esa bolsa de basura, tú te le paras al frente y no tienes que decirlo de nuevo; ya él sabe lo que tú dijiste, que lo haga.

Hay un dato que es bien importante que tú lo conozcas: el Centro para el Control de Enfermedades tiene una guía para padres que dice que una buena instrucción es una afirmación y no una pregunta. Cuando tú preguntas: Tú me haces el favor de sacar la basura, o cuando cierras con un okey, le estás entregando la opción de decirte que no, y esa opción no debe estar disponible en tu casa, porque ese no que él te está diciendo no lo inventó él; se lo pusiste tú en la boca sin darte cuenta cuando convertiste una instrucción en una pregunta.


3.  Estorbar es cerrar la instrucción; ya te hablé de eso hace rato, Elí, el que hablo, pero no estorbo, hablo y el asunto se quedó como abierto y una instrucción que nadie verifica se escucha como si fuera una orden, pero no es una orden; recoge el cuarto y nadie va al cuarto a ver que el muchachito fue y recogió el cuarto. Eso es una sugerencia, entonces, ¿por qué? Porque ir al cuarto y ver que no está recogido, eso es estorbar. Saca la basura y alguien tiene que ir a ver qué sacó la basura; no se puede esperar al otro día que huela rara la cocina y decir: Mira, este muchacho se acostó sin sacar la basura.


4. Estorbar es no volver a explicar cuando tú dices no; y yo sé que históricamente tus hijos te insisten, te preguntan lo mismo, y vuelven y te preguntan y, mami, por favor, estorbar es decir no y que tú no te quedes igual y que tú no añadas argumentos nuevos; no es no simplemente. Cada vez que tú buscas una razón mejor para convencer a tu hijo, le estás avisando que él todavía está como en discusión, como que esto lo podemos debatir y a lo mejor tú me puedes convencer, no tan sencillo como eso. El padre da instrucción y los hijos obedecen.


5. Estorbar es dejar que la consecuencia llegue; esta es la más importante para las madres, porque yo veo muchas madres jóvenes que no entienden que los hijos tienen que vivir consecuencias de sus acciones. Yo sé que esta es la más difícil para ustedes, pero esta es la más importante. Hablar es advertirle la consecuencia; estorbar es no rescatarlo de la consecuencia, no escribirle la excusa a la maestra, no llamar a la maestra, no terminarle la asignación a las 11 de la noche cuando el niño está dormido porque él está cansado por estar jugando soccer y se le había olvidado la asignación.


Se te olvidó la asignación; trata de acostarte temprano. Yo me acostaré temprano para levantarme y llevarte a la escuela y que te salga todo bien. Ah, y recuerda que si sacas malas notas, no esperes nada de los regalos que estás esperando de Navidad; olvídate del viaje que tiene tu grupo. Sabes que si bajas las notas, te sacaré del deporte que estás practicando, tranquila, sin pensarlo 2 veces.


Aquí quiero que tú me oigas bien, porque yo no estoy aquí para darte un regaño; lo que pasa es que a mis 52 años veo tantas madres que están estorbando y estorban mucho, pero que llevan años simplemente estorbando en el lado incorrecto, ¿por qué? Porque tú has estorbado a tu hijo y las consecuencias, en lugar de estorbar a tu hijo, son su conducta. Encendiste lo que te dije; hay muchas madres que están aquí y que han estado estorbando que sus hijos vivan las consecuencias de las cosas que tú les estás enseñando y que no las están aprendiendo.


No puedes estorbar las consecuencias, tienes que estorbar la conducta. Hay algo que está pasando que simplemente tú, cuando lo entiendas, vas a entender por qué te sientes tan cansada con estos temas, porque en estos 2 años se le puso nombre a un agotamiento que muchas madres cargan y no saben bien cómo se llamaba. En estos años, los psicólogos lo han llamado la fatiga de la negociación; eso es lo que le pasa a una mamá, que se pasa todo el día explicándole a los hijos lo mismo, explicando cada palabra y buscando la manera correcta de hablarle al nene.

La psicología que más popularizó ese tipo de crianza, yo no estoy diciendo que no le hables a tus hijos, yo estoy diciendo que cuando le hables, le hables firme, cuando le hables, le digas de una, que cuando le hables tú no tengas que repetirle, que cuando le hables tú no tengas que contar de uno al tres, o digas "ojalá me haya escuchado, que haga lo que yo le digo". La psicóloga que más popularizó ese estilo de crianza salió a decir públicamente que la cosa ya está demasiado lejos y que se pasó de que a nadie le importan los sentimientos de los niños, que fue lo que ella estaba tratando de corregir, a que los sentimientos de los niños dirigen a los adultos y eso no puede ser.


Yo no estoy diciendo: Olvídate de los sentimientos de los hijos; te estoy diciendo que los sentimientos de tus hijos, pequeños e inmaduros en esa edad, que necesitan, que necesitan aprender a comportarse, que necesitan aprender buenos modales, que necesitan aprender a esforzarse, que necesitan aprender que las decisiones en la vida tienen consecuencias, pues esos sentimientos, es que yo no quiero estudiar, es que no quiero madrugar, es que no quiero hacer deporte y porque soy el único que tiene que sacar la basura.


Hay, pero imagínate que yo lo que llevo jugando aquí es dos horas nada más y todos mis amigos juegan 4. Escúchame bien, los niños tienen sentimientos, pero los sentimientos de los niños no pueden dirigir la vida de los adultos y te los traigo para que sepas que ese cansancio tuyo es producto de tu debilidad; ese es el precio de negociar las cosas que no se negocian con nuestros hijos.


Hay cosas que una madre estorba en todos esos ejemplos que yo te acabo de dar; hacen que protejan. Yo te di esas 5 formas de estorbar y estorbar en el momento requiere tener una vocalista porque una de las razones por las que casi todas terminan hablando de más es que no tenían que decir más de tres palabras y yo te voy a dar tres frases cortas de tres palabras. Las tres frases son bien cortas, ¿para qué? Para que no seas como Elí, el que vio, y no estorbo.


Tres frases para estorbar.


  1. Repite eso; eso es para que los que te hablan con ese tonito que tú dices, ese tonito no es correcto, y le explicas que no puede hablar en ese tono. NO, enséñale y tú le vas a decir: "REPITE ESO". Tú no discutes con el tono, no le explicas por qué está mal, lo pones a escucharse a sí mismo y a decirlo otra vez. Si tú irrumpes el momento y tú le dices: "Repite eso, repite eso, repite eso", con esa firmeza para que a ti no te suba la presión, que le suba a tu hijo por haber hablado en el tono incorrecto.


2. Te espero; cuando tú le digas algo la primera vez, en lugar de repetirle la instrucción, lo que sea, engancha el teléfono, apaga el celular, cierra el juego, acuéstate a dormir, recoge los zapatos, guarda esos juegos de ahí, sácame la basura, fregar esos trastes, se lo dices una vez y te paras ahí, te recuerdas que te dije que tienes que estorbar y le dices: "Estoy esperando", así de tranquilita, y todo se queda quieto hasta que se mueva y así aprende que es la primera vez la que cuenta y la única vez que tú se lo vas a decir.


3. Eso ya te lo contesté; eso es para cuando tú le niegas algo que ellos entiendan que el no no se vuelve a explicar, tú cierras el asunto, no tienes que darle argumento nuevo, no tienes que pelear, no tienes que decirle nada.

Yo quiero que tú sepas para qué tú tienes que hacer todo esto; no se trata de ganarle una discusión a tu hijo, nada más lejos de la verdad. Cuando tú vas a Efesios 6:1-3: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo.  Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra”.


El primer mandamiento con promesa para que te vaya bien y seas de larga vida sobre la tierra; fíjate otra vez a quién le está hablando. Le está hablando a él, le está diciendo: Hijos, obedeced. Tú no puedes obedecer eso en lugar de tu hijo; lo que sí puedes hacer es estorbarle el camino cada vez que vas en dirección contraria a la obediencia. La casa de Elí, el que vio, habló y no estorbó, perdió esa promesa completa y no fue por falta de conversación; yo necesito que te quites eso de la cabeza.


Te daré un resumen porque sé que este episodio ha sido particularmente largo. Elí, el que vio, habló y no estorbó, habló claro, habló con verdad, habló con nombre, hasta mencionó consecuencias y Dios le dijo: No hiciste nada, hijo, porque hablar y estorbar no es lo mismo.

En esa casa la otra corría al revés; Dios se lo dijo con estas palabras: "Has honrado a tus hijos más que a mí", y Proverbios dice: "Muchacho consentido avergonzará a su madre". No sé si ya entendiste que los padres no siguen a los hijos; es al revés, siempre al revés. Los hijos tienen que seguir a los padres.


Estorbar se ve en 5 cosas concretas: interrumpir la conducta en el momento, llegar a la primera vez y no a la tercera vez, ir y verificar si hizo lo que le dijiste, no volver a explicar dos veces y dejar que la consecuencia les llegue.

Tres frases cortas: repíteme eso, te espero, eso ya te lo contesté. El respeto no se aprende en la escuela porque no se aprende en ninguna clase; se instala en la casa, se instala hablando en el camino, al acostarse y cuando se levanta, y ninguno de esos 4 momentos está con una maestra, están contigo, así que a ti te toca estorbar.

Quiero que me digas en los comentarios cuáles de estas 5 acciones concretas tú crees que tu hijo va a poder corregir, y yo te veo el próximo lunes en nuestro próximo episodio de Mujer Podcast.


Por último, me gustaría agradecer a todas esas mujeres que decidieron invertir un par de minutos de su vida leyendo.

 



 




 
 
 

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