319: Lo que pierdes cada vez que te defiendes
- Omayra Font

- 7 hours ago
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Anoche tú ganaste una discusión. Lo dijiste todo con calma, con datos, con esa frase final que la dejó sin palabras a esa otra persona, y lo hiciste perfecto, y probablemente esa persona estaba durmiendo. ¿Por qué? Porque esto lo hiciste aquí, tu cabeza ni se enteró de que tuvo una discusión; tú amaneciste cansada y esa persona amaneció descansada y ¿podrías escucharme bien.
Esa es la cuenta que te toca defenderte y la llevas pagando toda tu vida desde que aprendiste a pelear con la gente, ¿y eso pasa porque alguien dijo algo de ti que no es verdad? ¿Tú tienes que demostrarle que esa persona está equivocada? ¿Tienes las pruebas? ¿Tienes fecha? Tienes hasta el mensaje guardado que le ibas a enviar a esa persona.
La respuesta es que está lista, la has ensayado, en la ducha, manejando, mientras estás cocinando. Todavía no has dado esa batalla, pero aquí en tu cabeza le has dado una y mil veces. ¿Tú sabes exactamente de quién te estoy hablando? Puede ser tu cuñada que contó una versión de algo que pasó en algún lugar y no fue cierto. Puede ser la mujer de la iglesia que te dijo una frase en un tono incorrecto y que la gente entendió mal.
Otra cosa, puede ser incluso el papá de tus hijos, diciéndole a tus hijos una versión tuya que tú sabes que no es cierta, o puede ser una compañera de trabajo que se llevó el crédito de toda tu labor y todo tu trabajo y dijo que tú no hiciste nada. Y hoy te voy a decir lo que te está costando esa respuesta que tienes y que estás calculando aquí en tu cabeza y que no acabas de enviar, y te lo voy a mostrar con un hombre que tuvo la defensa más perfecta de la historia y decidió no utilizarla porque hay algo que a ti nunca te enseñaron.
Tu reputación no depende de tu habilidad para defenderte; tu reputación no depende de tu habilidad para defenderte en menos de 12 horas. Jesús se quedó callado dos veces: la primera delante de la gente religiosa, la segunda delante del gobierno, y las dos veces tenía con qué responder; claro que tenía con qué responder.
Yo te voy a llevar a esas dos escenas y después te voy a dar la mecánica exacta de cómo lo hizo, porque no se refuerza de voluntad y carácter y hay un verso que lo explica en una sola línea y lo escribió el único discípulo que esa misma noche abrió la boca tres veces para negarlo, pero comienzo diciendo que si consigues alguna mujer que está cargando acusaciones injustas que tú sabes que en su corazón tiene una lucha con una o más de una persona, comparte este episodio.
¿Te has preguntado qué pierdes cada vez que te defiendes? ¿Eres de las mujeres que recrea esa batalla en tu cabeza todas las noches? ¿Sabías tú que tu reputación no depende de tu habilidad para defenderte? ¿Me creerías si te dijera que la blasfemia se castiga con muerte? ¿Sabías tú que encomendar es entregar algo en confianza para que otra persona lo maneje? ¿Te has preguntado si tienes la capacidad de responder con toda seguridad estas dudas? Me gustaría leer tus respuestas a estas preguntas en la caja de comentarios.
Terminando con lo anterior, continuemos nuestra lectura.
La historia de lo que le sucedió a Cristo comienza en lo que suponemos que fue un jueves en la noche; lo puedes leer en Mateo 26, en la última noche de la vida de Jesús. El día siguiente lo iban a crucificar esa noche. Él estaba orando en un huerto llamado Getsemaní a las afueras de Jerusalén cuando llegaron a arrestarlo.
Ya tú sabes, con palos lo amarraron. Lo llevaron a casa de Caifás, que era el sumo sacerdote, la máxima autoridad religiosa en todo el pueblo judío y el hombre. Más poder espiritual en aquella nació; era de madrugada bajo la propia ley de judíos. Un juicio donde se pedía pena de muerte no se podía celebrar en la noche; tenía que ser de día y en un lugar oficial.
Aquel juicio empezó de manera ilegal desde el primer minuto; busca testigo que declara en contra de Jesús, no encontraron ninguno que le sirviera, así que trajeron testigos falsos, como nos dice la palabra del Señor; ni siquiera los falsos testigos se ponían de acuerdo entre ellos; al final agarraron una sola frase.
Años antes. Jesús había dicho: "Destruyan este templo y en tres días lo levantaré", pero claro, él estaba hablando de su propio cuerpo y de que iba a resucitar. Ellos lo contaron como si hubiera amenazado con tumbar el edificio del templo de Jerusalén, que era el lugar más sagrado que ellos tenían, así que agarraron algo que él dijo y le cambiaron el sentido y con eso acusaron a Jesús.
Detente ahí por un momento; esta gente estaba inventando cosas, así como hay personas que han inventado cosas de ti delante de tu cara. Yo tengo que hacer una confesión: hay una razón para este episodio de Mujer Podcast; han inventado cosas de mí más que las que yo quisiera. Y como me ha pasado a mí, yo sé que te ha pasado a ti también: personas que han inventado cosas de ti en tu propia cara, que están agarrando algo que tú sí dijiste y contándolo como les da la gana, como lo quieren contar, cambiando las palabras, cambiando el significado y ni siquiera lo están haciendo bien porque se contradicen entre ellos mismos.
Aun así, parece como que nada le da pudor, prudencia, nada no te tiene y tú conoces ese sabor de estar en un lugar donde ya decidieron quién tú eres antes de que tú tuvieras la oportunidad de abrir la boca. Eso es parte de lo que vemos sucediendo.
Mateo 26; 62-64 “ Y levantándose el sumo sacerdote, le dijo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican estos contra ti? Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente a que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios. Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo”.
Presta atención, fíjate en el orden porque ahí está todo lo que te quiero explicar en este episodio tan personal para mí. Le tiran las acusaciones encima; Jesús, no sé nada. Jesús dice la Biblia que callaba tres palabras más. Jesús callaba; dilo ahí una vez más y una vez más Jesús callaba. Le preguntaron quién es él; ahí contesta completo. Y hasta añade lo que va a pasar después; esa respuesta suya es la que condena cuando dice que lo van a ver sentado a diestra del poder de Dios y le está diciendo que él es Dios para ellos.
Eso era blasfemia y la blasfemia se castiga con muerte. Ahora fíjate bien lo que pasó ahí: las mentiras que le inventaron no lograron condenarlo; lo condenó. La verdad es que él mismo dijo quién era él y esta primera escena tiene un detalle que te toca a ti cerca. El primer silencio de Jesús no fue delante del mundo, fue delante de la gente religiosa, de los que conocían la escritura de memoria y aun así trajeron falsos testigos.
Si a ti te ha lastimado gente de la iglesia, no estás en una historia rara. Estás en la misma historia de exactamente lo mismo que le sucedió a Jesús al amanecer; lo llevaron a Poncio Pilato. En ese tiempo, Israel estaba ocupado por el Imperio Romano y Pilato era el gobernador que Roma había puesto allí. Los líderes religiosos podían condenarlo en su tribunal, pero no podían ejecutar a nadie; solo Roma podía dar pena de muerte, por eso tenían que llevárselo a él a Pilato. Pilato era el único hombre en esa ciudad con poder para soltarlo y ponte ahí en esa escena.
Una vez más tiene delante a la única persona que puede acabar con esto con una frase. Sabes que las acusaciones son mentiras, tienes la verdad completa de tu lado y tienes todo el derecho para defenderte, pero mira lo que sucedió en Mateo 27:11-14 “ Jesús, pues, estaba en pie delante del gobernador; y este le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices. Y siendo acusado por los principales sacerdotes y por los ancianos, nada respondió. Pilato entonces le dijo: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti? Pero Jesús no le respondió ni una palabra; de tal manera que el gobernador se maravillaba mucho.
Aquí vemos el mismo patrón una vez más adelante. Ahora, de otro tribunal, Pilato le preguntaba quién contesta; le tiran las acusaciones, calladito, ni una sola palabra, y ahí la regla completa que necesitas entender en este episodio, así que entendió bien: Jesús no era mudo. Esa noche habló dos veces y las dos fueron a la misma. Pregunta: ¿Quién eres tú? Contento cuando le preguntaron su identidad, se quedó callado cuando lo acusaron. Tú puedes decir quién tú eres siempre.
Mira lo que dicen de quién eres o de qué eres. Y mira lo que dice el verso del gobernador. Él se maravilla mucho, dice que Pilato se maravillaba mucho; ese hombre llevaba años en esa silla y créeme cuando te digo que había visto hombres suplicar, negociar, acusar a otros para salvarse.
Lo que nunca había visto era un hombre inocente que se quedara callado; tu defensa nunca iba a convencer y eso está tan poderoso que lo voy a decir. Una vez más, tu silencio impresiona a gente que tu defensa iba a convencer y ese silencio no fue una reacción de esa mañana; estaba escrito 700 años antes de que Pilato naciera. Isaías, que fue un profeta del Antiguo Testamento, describió con detalles cómo iba a ser el Mesías y cómo iba a morir siglos antes de que Jesús naciera.
En el capítulo 53 de su libro escribió lo siguiente: Isaías 53:7 “Fue oprimido y afligido, pero no abrió su boca; como cordero que es llevado al matadero, y como oveja que ante sus trasquiladores permanece muda, no abrió Él su boca.
¿Qué es lo que estamos viendo aquí? El silencio de Jesús no era debilidad; ese era el plan. Ahora, la pregunta que de verdad importa es cómo tú no te quedas callada en un lugar así por fuerza de voluntad. Llevas días peleando por callarte delante de muchos y menos que lo que estabas pasando a Jesús y quién contestó. Esa pregunta fue Pedro, el mismo que estaba en el patio esa noche, el mismo que sí abrió la boca tres veces y las tres veces fue terrible para decir que no lo conocía; años después escribió lo que había visto.
1 de Pedro 2: “Quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente”. La causa ahí está, la mecánica completa, y ese es el lenguaje de encomendar es entregar algo en confianza para que otra persona lo maneje, y la causa es el caso. El expediente completo tú te lo callas porque sea fuerte, te lo callas porque sabes quién va a hablar por ti. Jesús no se tragó la injusticia; Jesús la entregó, le pasó el caso a otro juez y se quitó del medio, y no fue una idea del Nuevo Testamento.
David escribió ese mismo mil años antes usando la misma palabra cuando vas al Salmos 37:5-6: “Encomienda a Jehová tu camino, Y confía en él; y él hará. Exhibirá tu justicia como la luz, Y tu derecho como el mediodía”.
Ay, eso me encanta leer, Salmo donde dice exhibirá tu justicia. Mira que a mí me han dicho en mi cara un montón de cosas incorrectas de mí y he aprendido a quedarme callada, ¿por qué? Porque le sirvo a un Dios que exhibirá. Mi justicia exhibir es poner algo donde todo el mundo lo vea. Dios se compromete a hacer lo que tú estás tratando de hacer con tu explicación, con tu captura de pantalla.
Recreando esa batalla en tu cabeza toda la noche con ese mensaje de voz de cuatro minutos que le vas a enviar a alguien cuando alguien me manda a mí un mensaje de voz que dura más de un minuto. Yo le llamo un podcast y dice que los van a poner como el sol del mediodía, que es la hora en que nada tiene sombra.
Ahora quiero decirte una por una cosas que pierdes cada vez que tú agarras tus defensas en tus manos y no permites que sea Dios quien exhiba justicia. Lo primero que pierdes es energía y no la energía de la conversación en sí, que dura 10 minutos, sino la de las horas. La de las noches después, la respuesta ensayada que te consume el día completo, que te la lleves al supermercado, que sigues armando mientras cocinas y que te despiertas a las 3 de la mañana cambiándole una palabra y cuando te miras al espejo por la mañana te ves cansada.
No estás cansada del trabajo y no estás cansada de los hijos; estás cansada de los hijos. Estás cansada de sostener un juicio, una pelea que nadie convocó donde tú eres la abogada. Tú eres la acusada, tú eres el jurado, todo al mismo tiempo.
Lo segundo que pierdes es la conversación; en el segundo en que empiezas a defenderte, el tema deja de ser lo que pasó y pasa a ser tú. La otra persona tiene una frase de 30 segundos y tú contestas con 20 minutos de explicación, fecha, contexto, pantallazo, todas las pruebas, mira lo que acaba de ocurrir; ahí le entregaste el centro de la escena.
Esa persona habló 30 segundos y tú convertiste su acusación en el tema principal de todo el día, de toda la tarde, de toda la semana; a veces ni te acuerdas de lo que dijo esa persona originalmente, pero sí te acuerdas de lo alterada que tú estabas y de toda la pelea que tuviste, fuera en tu cabeza o fuera ahí en tiempo real.
Lo tercero que pierdes es tu paz con esa persona y muchas veces se pierde para siempre porque la defensa nunca cierra el asunto; lo mantiene abierto. Tú explicas, esa persona responde, tú aclaras, esa persona matiza y pasan horas, días, semanas, meses, años y pueden estar discutiendo algo que no tiene nada que ver con lo original.
Lo que empezó como un comentario terminó en una relación que ahora se tiene que estar administrando de una manera diferente o que probablemente se termina, y lo último que pierde, pues mira, pierdes el caso, pierdes tu defensa y esto es lo grande, y yo necesito que tú lo entiendas bien: no puede haber dos abogados en tu defensa, no puede perder un turno para hablar, cada vez que corres a explicarte, le estás quitando el caso de las manos al único juez que lo puede ganar.
Dios es caballero. Si tú quieres llevar la defensa, la defensa es tuya con todo y con el desgaste que vas a tener, con todo y el resultado, bueno o malo. Quiero darte la línea que separa dos cosas: fuera se parecen mucho defender la verdad y defender tu imagen. La prueba es una sola pregunta, ¿qué pasa? ¿Si nadie te cree? Sí, lo que está en juego, ¿verdad? Tú puedes vivir hoy con que no te crean; te duele, pero puedes dormir. Si lo que está en juego es tu imagen, no puedes vivir con eso ni una sola noche.
Tienes tu respuesta sobre qué era lo que tú estabas defendiendo y una aclaración necesaria porque no quiero que uses estos para lo que no es nada de esto. Aplica cuando hay abuso, cuando hay peligro, cuando hay un delito, cuando hay un menor de por medio; ahí nunca te calles, ahí habla, denuncia, busca ayuda hasta que alguien haga algo.
Jesús se quedó callado ante una acusación falsa contra él mismo; nunca se quedó callado ante el daño que le estaban haciendo a otra persona. Ahora yo sé lo que tú estás diciendo, Pastora. Mira, Jesús se quedó callado, pero Jesús perdió el juicio, lo condenaron, salió de ahí con una sentencia de muerte y con un letrero que le pusieron encima de la cabeza en la cruz para burlarse de él, que decía: "Este es Jesús, el rey de los judíos".
Quiero que te quedes con esto un segundo porque aquí es donde tu fe se pone a prueba. De verdad, si hubiera estado en esa plaza ese viernes, habría dicho que quedarse callado fue el peor error de su vida, habría dicho que se hubiera hablado, se hubiera puesto en un lugar a esos testigos si hubiera explicado bien lo del templo.
Otra cosa, si hubiese sucedido el viernes, el silencio se veía como derrota. El viernes la evidencia estaba del lado de los que hablaron y tú vas a tener un viernes, vas a tener días en que te callaste y todo se ve, pero antes y esa mujer sigue contando su versión y tú sigues quedando mal y eso no quiere decir que tú te equivocaste. Quiere decir que el caso todavía está abierto y el juez no ha dictado su sentencia. Tres días después habló el juez; la resurrección de Cristo fue el veredicto.
Dios no mandó un vocero a aclarar el asunto, ni sacó un comunicado; lo levantó de entre los muertos delante de testigos y con eso quedó exhibida su justicia como la luz del mediodía, exactamente como lo había prometido el salmo. Y aquí un detalle que me fascina, yo no puedo pasar por alto: Pilato quiso quedar limpio, mandó a traer agua, se lavó las manos delante de todos y dijo que él no era responsable de todos y dijo que no era responsable de esa muerte.
Hoy, 2000 años después, hay una oración antigua que se llama el credo cada domingo en sus iglesias y esa oración dice que Jesús padeció bajo el poder de quién, de Poncio Pilato. Cada vez que alguien la recita, está diciendo el nombre de ese hombre. Pilato se lavó las manos para que nadie le recordara por esto y, exactamente, lo único por lo cual el mundo lo recuerda.
Pilato se defendió y perdió su nombre; Jesús se cayó y ganó al mundo. Así que vuelve a esa respuesta que has ensayado en tu cabeza, esa respuesta perfecta, la que no deja espacio. Escúchame bien, no la necesitas, no la necesitas porque no tengas razón; la tienes.
Nadie te está quitando la razón y este episodio no es para quitar, sino porque hay alguien mejor con mejor acceso, con mejor expediente y con jurisdicción sobre la gente a la que tú no puedes controlar tu trabajo. No es aclarar lo que dicen de ti. Tu trabajo es vivir, de tal manera que quien te conoce sepa que es mentira, y dejar que el tiempo y Dios hagan el resto y hagan su justicia.
El tiempo le pertenece a Dios y el resto le pertenece a él también, y si nadie te cree, no pasa nada. Ustedes conocen mi frase: lo que de verdad te aman no necesitan tu explicación y los que te están exigiendo no te iban a creer de todas maneras, así que suelta ese expediente; ya hay alguien trabajando. Tu reputación no depende de tu habilidad de defenderte; depende de quién eres cuando nadie está mirando y de quién habla por ti.
Cuando tú decides calarte, deja de explicarte; eso no es el lugar donde Dios quiere que tú te desgastes. ¿Cuál es la respuesta que hoy vas a decidir? No quiero que lo digas aquí en los comentarios y te veo el próximo lunes en un nuevo episodio.
Por último, me gustaría agradecer a todas esas mujeres que decidieron invertir un par de minutos de su vida leyendo.



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