317: Lo que pierdes por mirar atrás
- Omayra Font

- 2 days ago
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Hace poco me topé con un dato que me dejó pensando. El centro de investigación le pregunta a miles de personas algo bien sencillo: ¿la vida de hoy es mejor o es peor que la de hace 50 años? Y si yo pudiera responder esa pregunta, porque yo tengo más de 50 años, cada 6 de cada 10 personas contestaron que la vida de antes era mejor; apenas 2 de cada 10 dijeron que la de hoy es mejor.
Ahora bien, piénsalo: la mayoría de la gente vive convencida de que las cosas buenas ya pasaron, que los mejores años quedaron atrás y que es muy posible que tú también hayas sentido eso alguna vez en tu vida. Tu mejor etapa, tu mejor versión, tu mejor temporada está en algún lugar del pasado y no en lo que tienes hoy por delante.
Por eso hoy quiero hablarte de lo que pierdes por mirar atrás, y quiero hacerlo con una mujer de la Biblia que pagó el precio más alto que alguien ha pagado por una mirada. Su historia se encuentra en Génesis, en el Antiguo Testamento; la ciudad de Sodoma estaba a punto de ser destruida por su maldad y Dios, en su misericordia, mandó a ángeles a sacar de ahí a Lot y a su familia antes de que cayera el juicio.
Los ángeles los tomaron de la mano y los llevaron fuera de la ciudad y les dieron una sola instrucción para salvar sus vidas; Génesis 19:17: “Y cuando los hubieron llevado fuera, dijeron: Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas”.
Una sola condición: no mires tras ti. No era difícil entender; sin embargo, un verso más adelante las escrituras registran una de las escenas más impactantes de toda la escritura: Génesis 19:26 “Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal”. La mujer de Lot, la que miró atrás, ya estaba fuera de la ciudad, ya estaba a salvo; el fuego nunca la tocó. A la mujer de Lot la congeló su propia mirada; ya había salido de Sodoma, estaba a salvo y es muy posible que tú también estés caminando así hacia tu futuro con el cuello volteado hacia tu pasado.
Por eso te pido que, si conoces a alguna mujer que vive comparando su presente con lo que dejó atrás, compártele este video de este episodio.
¿Te has preguntado por qué el pasado que tú extrañas no es como lo recuerdas? ¿Eres de las mujeres que a menudo miras hacia atrás? ¿Sabías tú por qué la mujer de Lot quedó convertida en estatua? ¿Me creerías si te dijera que si sigues mirando al pasado, te pierdes de todo lo que tienes en el presente? ¿Sabías tú que las emociones negativas de tu recuerdo se borran más rápido que las positivas?
¿Te has preguntado si tienes la capacidad de responder con toda seguridad estas dudas? Me gustaría leer tus respuestas a estas preguntas en la caja de comentarios.
Terminando con lo anterior, continuemos nuestra lectura.
Quiero que mires bien esta tragedia de la que te mencioné porque ahí es donde está la primera enseñanza. Te vuelvo a leer la instrucción que los ángeles le dieron a la familia completa: Génesis 19:17: “Y cuando los hubieron llevado fuera, dijeron: Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas”.
Fíjate en el detalle con el cual comienza el verso: cuando los hubieran llevado fuera, la advertencia se dio afuera; el mandato para no mirar atrás era para los que ya habían salido. Dios sabía que al pedir lo de esa familia ya había dejado de ser la ciudad; el peligro que quedaba era el apego a aquella ciudad.
Génesis 19:26 “Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal”. Aquí hay algo que el idioma original te enseña, pero que no está tan claro en nuestra versión en español y, cuando lo miras, este detalle que te queremos compartir te ayuda a entender lo que de verdad pasó ahí; la palabra hebrea se traduce: Nabat, que se traduce en miro, y Nabat describe mucho más, así como de reojo, describe mirar con detenimiento, con contemplar, fijar la vista con atención.
La mujer de Lot no fue que miró así de repente; la mujer de Lot se detuvo a contemplar lo que ella estaba dejando. La escritura no nos dice qué había en esa mirada, pero yo me puedo imaginar lo que ella estaba viendo. En Sodoma se quedaba su casa, sus amistades, su rutina, la vida que ya conocía; probablemente no estaba contemplando la maldad de la ciudad, estaba contemplando sus recuerdos de esa ciudad.
Ahí hay una trampa en la que caen muchas mujeres: uno no extraña lo malo del pasado, uno extraña los pedacitos nuevos que estaban regados encima de todas las cosas malas. Mira en el material en el que quedó convertida porque la Biblia no escoge imágenes al azar; la sal en el Antiguo Testamento era el preservante por excelencia, lo que se quería conservar se cubría con sal.
Una mujer que no quiso soltar lo de antes quedó convertida en el material que conserva las cosas, quedó preservada en el punto exacto donde se detuvo a contemplar. La nostalgia hace contigo lo que la sal hace con la comida; te conserva, te deja intacta en el punto exacto donde te detuviste a mirar atrás, pero conservada no es lo mismo que viva y fíjate dónde terminó ella: en la mitad del camino, en la ciudad donde Dios había descartado y el monte que Dios había señalado.
Ese es el costo que le da nombre a este episodio, porque al mirar atrás, ella perdió el monte que tenía por delante. La mirada atrás no te regresa al pasado, te detiene en el presente. La mujer de Lot, el pasado no la alcanzó; ella se quedó mirando el pasado y, mientras tú sigues contemplando una puerta que Dios ya cerró, vas a estar parada frente a la puerta que Él te acaba de abrir y no vas a poder entrar.
Ya viste lo que le costó a la mujer de Lot lo que miró atrás, detenerse a contemplar lo que estaba dejando; ahora quiero enseñarte algo sobre esa Sodoma que ella contemplaba porque aquí hay algo que sé que te va a sorprender.
El pasado que tú extrañas, tal como lo recuerdas, no existió. Lo que estudian la memoria descubrieron algo que me llamó la atención; se llama la retrospección rosada. En una investigación publicada en una revista científica de psicología, siguieron a personas antes, durante y después de eventos importantes en sus vidas: un viaje a Europa, unas vacaciones de Acción de Gracias, un recorrido en bicicleta por tres semanas, y les pedían que calificaran las experiencias mientras las estaban viviendo y después semanas más tarde que la calificaran de memoria.
¿Cuál fue el resultado? El recuerdo siempre salió más bonito que la experiencia real; la gente recordó el viaje mejor de lo que lo vivió, aun cuando hubo malos trazos, cansancio; la memoria fue borrando los detalles malos y dejando los detalles buenos.
Hay un segundo descubrimiento que acompaña a este; los científicos lo llaman el desvanecimiento afectivo y dice algo bien sencillo: las emociones negativas de tu recuerdo se borran más rápido que las positivas. El estudio clásico sobre este tema se titula: La vida es placentera y la memoria ayuda a mantenerla así.
Tu cerebro está diseñado para soltar el dolor de ayer que la alegría de ayer; eso es de la misericordia de nuestro Dios para que puedas seguir viviendo después de las cosas difíciles, pero tiene un efecto secundario: con los años, el pasado se te va viendo más bonito de lo que realmente fue.
Tu memoria es como una editora: borra lo malo rápido, le sube el color a lo bueno y después te presenta el resultado como si fuera la historia completa. Por eso el pasado que extrañas se ve mejor que el presente que vives, porque al presente lo estás viendo sin editar. Y aquí viene lo más que me impresiona de este tema: la Biblia diagnosticó esto hace 3000 años. Escucha lo que escribió Salomón, el hombre más sabio que existía.
Eclesiastés 7:10: “Nunca digas: ¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueran mejores que estos? Porque nunca de esto preguntarás con sabiduría”.
Salomón dijo que esa pregunta nunca nace de la sabiduría porque la premisa de la pregunta es falsa; los tiempos pasados se ven mejores porque tu memoria lo editó; la ciencia tardó 3000 mil años en ponerle nombre a lo que la escritura lo había sentenciado en un solo verso.
Ahora baja esto a tu vida de hoy, a tu vida real; cuando tú comparas tu matrimonio de hoy con el noviazgo de hace 20 años, en mi caso hace 32 años, estás comparando tu presente sin editar con un recuerdo que está retocado. Cuando comparas tu cuerpo de hoy con el de los 20, tu iglesia de hoy con la de antes, tu etapa de hoy con la de antes, con aquella donde los nenes estaban chiquitos, estás poniendo a repetir tu realidad con una fotografía que tu propia mente embelleció.
Esta competencia no es justa, esta competencia está arreglada; tu presente va a perder siempre. Estás comparando tu presente con un pasado que tu memoria editó. Esa pelea está arreglada antes de empezar; la foto editada le gana siempre a la realidad en vivo, por eso la nostalgia no es inocente, te roba el día que tienes en la mano usando de carnada una foto que no es real.
Hasta aquí ya viste dos cosas: la mirada atrás que detiene y el pasado que esa mirada contempla, que está editado. Lo que quiero enseñarte ahora es quién más habló de esta mujer, porque esto es lo que le da peso eterno al tema.
Miles de años después de Sodoma, Jesús mismo la mencionó y le dedicó una de las frases más cortas que salieron de su boca. Dijo Jesús en Lucas 17:32 “Acordaos de la mujer de Lot”. Jesús estaba enseñando con estar listo a lo que viene y advirtió que en ese día nadie debía volverse a buscar lo que quedaba atrás y, de todas las personas del Antiguo Testamento que él pudo haber mencionado, escogió a ella, a la mujer de Lot, la que miró atrás.
Su historia se quedó convertida en un memorial de una sola frase dicha por el Hijo de Dios. Si Jesús pidió que la recordáramos, es porque sabía que su tentación de contemplar lo que ya se dejó nos iba a perseguir a todos nosotros y en otro momento Jesús explicó por qué esa mirada cuesta tanto como una imagen de campo que cualquiera de su tiempo podía entender.
Lucas 9:62: “Y Jesús le dijo: “Ninguno que, poniendo su mano en el arado, mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios”. El que ha arado la tierra sabe esto: el surco sale derecho si solamente tienes la mirada fija en un punto al frente; en el momento en que tú volteas la cabeza, las manos se te van con la mirada y el surco se tuerce.
La mirada nunca es neutral; hacia donde miras se inclinan tus manos, tus decisiones y también tu caminar. Por eso no puedes construir tu temporada nueva con la vista puesta en la temporada vieja. El surco de tu vida se va torciendo hacia donde tengas tu mirada; nadie puede arar derecho mirando hacia atrás. Hacia donde pongas tus ojos, se te van las manos y hacia donde se te van las manos, se te tuerce el surco de tu vida.
Antes de cerrar este punto, quiero decirte algo con claridad para que no salgas de aquí de escuchar este episodio con una idea equivocada: recordar de dónde Dios te sacó no tiene nada de malo; la escritura misma manda a contar las obras de Dios de generación en generación y hay una diferencia bien grande entre visitar un recuerdo y mudarte a vivir en ese recuerdo.
Visitar un recuerdo toma un momento y te devuelve al presente; mudarte a vivir en ese recuerdo te saca del presente. La mujer de Lot, la que miró atrás, no se perdió por acordarse de Sodoma una vez en el camino; se perdió porque se detuvo a contemplar cuando Dios ya la había sacado de allí.
Escucha la promesa que Dios le hace a la mujer que decide poner la vista al frente; la dejó escrita por el profeta Isaías.
Isaías 43:18-19: “No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad”.
Fíjate en la pregunta que Dios le mete en el medio de esta pregunta: ¿no la conoceréis? Dios está haciendo una cosa nueva ahora mismo y la pregunta es si tú la vas a conocer, porque las cosas nuevas brotan al frente y unos ojos que viven puestos atrás no pueden ver lo que está brotando por delante.
Déjame recorrer contigo lo que aprendiste en este episodio hoy.
1. La mujer de Lot, la que miró atrás, congeló su propia mirada cuando ya estaba a salvo; la nostalgia te conserva como la sal, te deja detenida en el punto exacto donde decidiste quedarte contemplando lo que Dios ya descartó de tu vida.
2. El pasado que extrañas no existió como lo recuerdas; tu memoria borra lo malo más rápido que lo bueno y te entrega una versión editada de tu pasado. Salomón lo sentenció en Eclesiastés: preguntar por qué los tiempos pasados fueron mejores nunca nace de la sabiduría.
3. Jesús mismo dijo: "Acordaos de la mujer de Lot" y enseñó que nadie puede arar derecho mirando hacia atrás; las cosas nuevas de Dios brotan al frente; se reconoce con los ojos puestos al frente.
Si al escuchar este episodio te diste cuenta de que lo que te amarra al pasado va más allá de la nostalgia, aquí hay algo que trabajar, tienes que pregúntate que dolor hay ahí, que herida todavía duelen cuando las tocas.
Recuerda que Dios está haciendo algo nuevo en tu vida ahora mismo; la pregunta es si la vas a reconocer, porque lo nuevo brota frente a ti y los ojos que viven en el pasado se pierden lo que está brotando. Quiero que me escribas en los comentarios qué es eso que estás contemplando por encima de los hombros y que hoy tienes que soltar para poder avanzar.
Por último, me gustaría agradecer a todas esas mujeres que decidieron invertir un par de minutos de su vida leyendo.



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