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312: Marta, Marta — el ego espiritual de querer hacerlo todo.

Hay una frase que yo escucho a demasiadas mujeres decir todo el tiempo: “Si yo no lo hago, no se hace”. La mayoría de ustedes lo dicen porque es ser como responsable. Hoy te diré el nombre real de esa frase. Hay una escena en Lucas 10 donde Jesús llega a la casa de dos hermanas, Marta y María; sé que han escuchado su historia. Marta hace lo que muchas de ustedes harían: corre a la cocina, pone el agua a calentar, saca el pan, atiende a la gente, pone el agua para que se limpien los pies, corre de un lado a otro, está en la cocina, en la sala, en la mesa, está en todas partes. 


María hace otra cosa, se sienta en el piso, a los pies de Jesús a escucharlo y, bueno, Marta se molesta. Marta probablemente empieza a suspirar bien fuerte, probablemente empezó a darle golpes a las ollas, empezó a darle miradas a María como que, ¡hello!, ¿cuándo vas a venir a ayudarme? Llega un momento donde va donde Jesús y le reclama y le dice: "Señor, dile a mi hermana que me ayude", y en Lucas 10:41 “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas” 


Afanada y turbada; si esas dos palabras describen tu vida, la mayoría de los días tiene un nombre, como te dije al principio, y no es responsabilidad, se llama ego espiritual y, mientras no lo entiendas, vas a vivir agotada al servicio de una creencia que ni siquiera es bíblica. Si este te hace pensar en alguna mujer que tú sabes que carga con todo, ¿podrías compartirle este episodio. 


¿Te has preguntado si eres de esas mujeres que piensan que todo depende de ti? ¿Eres tú de las mujeres que son afanadas y turbadas ¿Cómo quisieras ser una mujer como María o una mujer como Marta? ¿Me creerías si te dijera que hay muchas mujeres que no entienden dónde está el límite de la cantidad de cosas que nosotros podemos manejar? ¿Sabías tú por qué María ha escogido la mejor parte?     

¿Te has preguntado si tienes la capacidad de responder con toda seguridad estas dudas? Me gustaría leer tus respuestas a estas preguntas en la caja de comentarios.        

Terminando con lo anterior, continuemos nuestra lectura. 


Estoy segura de que has estado muchas veces cocinando, con mensajes del trabajo sin contestar, mientras uno de tus hijos te está contando algo del colegio; a la misma vez estás pensando: "¡Ay, Dios mío!". ¿A qué hora más o menos llegará mi esposo, o qué es esto próximo que hay que hacer? Y en tu cabeza tienes 4, 5, 6, 7, 8 cosas a la vez, mientras tu cuerpo está en una estadía en la cocina con todo el calor de lo que está sucediendo afuera y aquí adentro en tu cabeza. 


La palabra que Jesús usa para afanada es la palabra exacta para esta descripción que te acabo de dar: MERIMNAO, y ojo, yo he estado ahí muchas veces. Es una mente que ha estado fracturada en muchas direcciones al mismo tiempo, y Marta la afanada es esa mujer; muy posible que tú también seas esa mujer, muchas veces en tus días, en tu s Esto no es una sensación solamente tuya; hay un estudio del 2024 publicado, sobre 3 mil hogares encuestados, y se encontró que las madres, las mujeres en la casa, cargan el 71% del trabajo mental del hogar; 71% de las mujeres cargan ese peso de todas esas cosas que hay que pensar al mismo tiempo. 


¿Qué cosas, Pastora? Esa lista interminable que tú llevas en tu cabeza, que hace falta, quién tiene cita en el médico, qué se acabó en la despensa, qué hay que comprar, qué vamos a comer mañana, y en las mujeres cristianas activas en la iglesia y en el ministerio como yo, esa carga sube, porque encima hay que hacer la suma de la carga del servicio a Dios que hacemos en la iglesia y a veces, cuando nuestros familiares sirven, también llevamos esa carga porque hay que salir a llevarlo o hacer tal cosa. Eso está muy bien, todos debemos servir en la iglesia; de hecho, si no estás sirviendo en tu iglesia, yo te inspiro a que lo hagas. 


Hay muchas mujeres que no entienden dónde está el límite de la cantidad de cosas que nosotros podemos manejar al mismo tiempo en una sola cabeza y por eso es por lo que este episodio es tan importante. No es lo mismo que la mujer de la que hablamos hace un tiempito atrás, que siempre está obsesionada con querer hacer todo bien; esa es la mujer perfeccionista. Hace unas semanas hablamos de esa mujer. 


El episodio de hoy es de aquellas mujeres que sin ti nada se sostiene y yo sé que no es malo pensar eso, pero sé que hay demasiadas mujeres que dicen que si tú no estás, la casa se cae, la iglesia se cae, los hijos se caen, el trabajo se cae, que el universo gira alrededor de tu capacidad de cargar todas las cosas y quiero que sepas que eso no es perfeccionismo, eso es ego espiritual, eso es creer que eres el centro del universo y creer que tú eres la única persona que haces las cosas bien. 


Hoy quiero mostrarte tres decisiones que tomó María, de esa historia de Lucas 10, que fueron muy diferentes a las de su hermana Marta. Hoy te quiero dar ese listado, porque cuando entiendes las acciones de María desde el aspecto de donde yo te lo voy a explicar en los próximos minutos, vas a entender cuál es la diferencia entre estar afanada, turbada, donde vas a terminar que nada siempre, y aprender a escoger correctamente. 

Lo primero que aprendemos del ejemplo de María en Lucas 10:39 “Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra”. Quiero que le prestes atención al orden que hay en este versículo: primero, sentándose, y después habla de que escuchaba la palabra; primero es tu cuerpo, después el oído. 


María, la que escogió la buena parte porque así es como nos dice la escritura, decidió con su postura antes de decidir con su oído. En la cultura hebrea de ese tiempo, sentarse a los pies de un rabino era el lugar de los discípulos; las mujeres no se sentaban ahí. ¿Sabes lo que hizo María? Se sentó igual. A María no le importó ser socialmente incorrecta; María simplemente no esperó a que la invitaran. Ven, acércate a escuchar; ella decidió, ella fue y se sentó. 

Esto te dice algo muy concreto sobre las cosas que nosotros hacemos en nuestra vida; cómo muchas de ustedes oran, porque yo estoy segura de que muchas de ustedes llevan mucho tiempo orando al mismo tiempo que te está mintiendo, al mismo tiempo que estás conduciendo, al mismo tiempo que estás revisando el celular o al mismo tiempo que estás cocinando, eso es una oración fragmentada que tú la acomodas para que quepa en aquello que tú estás haciendo. 

María no trató de escuchar a Jesús mientras atendía la casa con su hermana porque no es así como funcionan las cosas. María detuvo su cuerpo, primero fue y se sentó, y como se sentó y detuvo su cuerpo, primero puso todo en pausa para ese momento, pues entonces pudo abrir el oído. 


Yo les he contado muchas veces que me levanto a las 4 de la mañana y, ¿por qué a esa hora, Pastora? Díganos las 6. A esa hora toda mi familia está dormida y a las 4, cuando me levanto y bajo las escaleras de mi casa, lo que yo hago honestamente es 5–10 minutos sentada tranquila y, después de esos 5-10 minutos, me preparo un café y me tardo lo que no me puedo tardar en el día. Preparo el café, vuelvo y me siento y es ahí donde tomo mi Biblia. 


Ahí comienzo a leer mi Biblia, luego comienzo a meditar en la palabra del Señor, en lo que aprendí hoy, en lo que entendí hoy de esa palabra, y comienzo a hablar con el Señor de mi día ahí sentada. A veces me pongo de rodillas, pero no estoy haciendo eso mientras estoy empacando la cartera, buscando qué me voy a poner, pues no, porque tienes que estar en departamentos diferentes y cuando se trata de las cosas de Dios, nuestra atención tiene que estar completamente en Dios. 


No es lo mismo orar mientras tú estás sentado, mientras estás escuchando a Dios, mientras estás en ese espacio único que estás haciendo mientras estás corriendo. Lo que sale 5 minutos de tu boca cuando tú estás corriendo no es lo mismo que lo que sale de tu boca en oración cuando estás sentada y escúchame bien: tu cuerpo es la primera traducción de tu fe; si tu cuerpo no se detiene, tu fe no se profundiza. Tu cuerpo se tiene que detener y agarrar esta Biblia; tu cuerpo se tiene que detener en tu iglesia y sentarte a escuchar la palabra; tu cuerpo se tiene que detener para darle el espacio que Dios se merece. Si tu cuerpo no se detiene, tu fe no se profundiza. 


Lo segundo que María entendió esa tarde, que decidió antes de reaccionar, y esa es la única forma de no terminar un día sin que tu… ¿Yo no sé ni qué hice en el día de hoy? LUCAS 10-42 “Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”. Ha escogido la buena parte; la gente se enfoca en buena parte; yo me voy a enfocar en escogido. El verbo en griego es EKLEGO y significa escoger activamente entre opciones reales. 


No aceptar lo único disponible, escoger deliberadamente, y eso importa, y sabes por qué importa: porque María, la que escogió la buena parte, no está en una casa donde no estaba pasando nada; tenía exactamente las mismas opciones que tenía Marta delante de ella. Marta, la afanada y la turbada, había comida que preparar, había agua que servir, había invitados que atender, las mismas opciones, pero María escogió distinto, escogió lo que luego se describió como la buena parte. 


La mujer afanada escoge, la mujer afanada reacciona y eso significa que las circunstancias las están escogiendo a ellas, a las afanadas, cada día, cada hora, lo primero que se coloca en la fila como prioridad, eso gana, y al final del día, por eso es por lo que llegas a tu casa, a tu cama y dices: "Yo no sé qué hice en el día de hoy, tenía que hacer tantas cosas que tenías, no hiciste absolutamente nada". ¿Por qué? Porque hiciste las 100 cosas urgentes que pusieron delante de ti y ninguna de esa era esencial, ninguna de esas la escogiste tú. 


María escogió antes de que llegara la presión; esa es la diferencia, la mujer que escoge el día anterior: "Mañana esto va a ser mi enfoque, esto es lo que voy a hacer". Yo les he dicho muchas veces que antes de acostarme siempre digo: "Mañana me voy a concentrar en esto, esto y esto", y todo lo que aparece tiene que ajustarse a lo que yo ya escogí, porque de lo contrario no alcanzamos nada en la vida y llegamos todos los días a la cama pensando: "Hoy no hice nada, hoy perdí el tiempo". 


La mujer que no escoge llega al otro día disponible para cualquier cosa que le toque la puerta; cuando una mujer aprende a escoger, lo primero que se muere no es su agenda, lo primero que se muere es su ego, porque escoger una cosa significa que tú no eres indispensable para las otras 99 y, después de aprender a escoger, es lo más difícil, que es lo próximo que te quiero enseñar que hizo María: es quedarte donde escogiste aun cuando otra persona quiera moverte. 

Lucas 10:40 “Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude”. Yo me puedo imaginar fácilmente a una Marta, la afanada y la turbada, y yo me la puedo imaginar que antes donde ella fuera, donde Jesús, mirándola y diciendo: “Mira todo lo que hay que hacer”. 


¿Sabes lo que hizo María? María tuvo que decidir en tiempo real si se levantaba y ayudaba y le hacía caso aquella mirada, ruidos o comentarios, o si se quedaba. María, la que escogió la buena parte, se quedó; no se levantó cuando Marta hizo ruido, no se levantó cuando Marta suspiró para que la escucharan, no se levantó cuando la acosó delante de Jesús, una acusación pública, un intento de manipular frente a la autoridad que había en aquel lugar. 


María se quedó donde estaba sentada y eso es lo que tú tienes que aprender, porque todos los días tú te encuentras con algún imprudente, que no considera tu tiempo y no considera tu responsabilidad y te llama 3 veces de seguida para que tú le atiendas y ellos creen que es tu urgencia y no es tu urgencia; tú no estás decidiendo. 

Una hermana en la iglesia que te llama para insistirte para algo que te trae el mismo problema siempre, el mismo día a la misma hora; ese compañero de trabajo que sabes que vas para una reunión bien importante, la cual estás preparado, pero antes de entrar a la reunión te dice: "Mira, ¿podrías chequear si esto yo lo hice bien?". Tú estás concentrada en tu trabajo y tú dices: "¡QUÉ!". 


¿Cómo es posible que esa persona piense que lo de ella es más importante que lo mío? Tu trabajo probablemente no le importa a esa persona; le importa que tú le arregles el trabajo de él y tú, en cada una de esas escenas, probablemente eres de esas personas que se levantaron de donde estabas, ¿para qué? Para ayudar, para servir, porque dices: "Si yo no lo hago, nadie lo va a hacer". Probablemente te paras de la conversación que es importante, o te paras del descanso que tú necesitas, o te paras para lo que habías escogido para ese momento.


Escúchame bien, todo lo que te he dicho en estos minutos es para decirte que la urgencia de otra persona no es tu emergencia. María, la que escogió la buena parte, no se levantó, y no por no levantarse, Jesús mostró que ella estaba haciendo lo correcto. La buena parte no se defendió a sí misma, la buena parte solo se quedó. No se dice que María haya respondido nada a Marta; Jesús respondió por ella porque solo ella se quedó y eso fue suficiente. 


Cuando una mujer entiende que la urgencia de otra persona no es su emergencia, deja de vivir corriendo y de una vez y por todas entiende y atiende lo que está delante de ella, entiende y atiende cuáles son sus verdaderas responsabilidades: si es tu servicio a Dios, si es tus hijos, si es tu matrimonio, si es ese descanso que tú tanto necesitas. No hagas las cosas a medias porque otras personas pongan sus prioridades encima de las tuyas; no le des la mitad de tu tiempo a las cosas importantes. 


MARTA, MARTA, ese doble nombre que Jesús pronunció ese día no era una corrección, era un rescate; era la manera de decirle a esa mujer afanada, turbada, cargada: "Espérame un momento, atiéndeme, préstame atención, mira lo bien que lo está haciendo María". María escogió la buena parte sin que nadie se la explicara; es que Jesús no estaba ahí para que lo entendiera, Jesús estaba ahí para llevar la palabra.

 

La buena parte no era hacer más, era recibir; por eso María se sentó antes de oír, escogió antes de reaccionar y se quedó cuando la otra le pedía que se moviera. Si todo en tu vida depende de ti, hay un problema, y ese problema se llama ego espiritual; probablemente llevas años llamándolo: "Es que yo soy responsable". En el momento en que tú decides sentarte, aunque se esté cayendo el mundo a tu alrededor, estás escogiendo algo que tiene valor y que puede ayudarte para siempre. 


Ese momento pequeño donde dices: "Me voy a sentar y voy a terminar esto que es importante", "yo me voy a sentar y voy a atender este asunto", "yo me voy a sentar y voy a escuchar esto", "yo me voy a sentar y voy a aprender esto". ¿Cuántas cosas andas postergando todo el tiempo por las urgencias de las otras personas? Y esa pequeña acción puede ser tu primera decisión al estilo María, y no tiene que ser perfecto, tampoco tiene que ser siempre que se escoja lo tuyo primero, pero tienes que aprender que hay momentos. 


Yo estoy segura de que en el día de hoy algo dentro de ti te ha enseñado que hay algo en la mujer afanada y turbada con lo que tú no quieres vivir más en tu corazón, porque algo vas a aprender. Cuando aprendas a sentarte, cuando aprendas a entender que tú no tienes la respuesta para todos los problemas de todo el mundo, te vas a dar cuenta de que el mundo no se cae cuando tú te sientas. 


Quiero leerte en los comentarios y saber si eres de esas mujeres que piensan que todo depende de ti, y por supuesto quiero verte el próximo lunes en el nuevo episodio de Mujer podcast. 


Por último, me gustaría agradecer a todas esas mujeres que decidieron invertir un par de minutos de su vida leyendo.

 
 
 

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